Estar alegres en el Señor

Todos queremos ser felices, vivir con alegría. Y Cristo nos muestra el camino para lograrlo: guardar los mandamientos del Padre, como Él mismo ha hecho, así ?os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría llegue a plenitud. Esta es la clave: permanecer en su amor para que su alegría llegue en nosotros a plenitud.

Y permanecer en su amor supone guardar sus mandamientos. Algo que tantas veces requiere lucha por nuestra parte. Pero esto no es contrario a la alegría y la felicidad. ?Es una trágica mentira enseñar al hombre que la felicidad pueda o haya, incluso, de alcanzarse abandonándose a las inclinaciones del instinto, sin ninguna renuncia, puesto que es también un trágico error confundir la felicidad con el placer o con la utilidad. ¿No está este trágico error en la base de tanta desesperación, de tanto cansancio de la vida como demasiado a menudo podemos constatar sobre todo en los espíritus juveniles?? (San Juan Pablo II Roma, 16 – XI ? 1987). La tristeza es el preludio de muchas «caídas». Ante la constatación de tus fallos, de tus limitaciones, que ves que no llegas? ¡nada de tristezas! Alegría y acción de gracias. Acción de gracias y volver a empezar con esperanza. Porque, como nos dice el profeta Isaías, Él ya cargó con nuestros pecados y debilidades? ¡y en sus llagas hemos sido curados!

La tristeza no se origina por dificultades o sufrimientos más o menos graves, sino por dejar de mirar a Jesús. ?La pobreza más profunda es la incapacidad de alegría, el tedio de la vida considerada absurda y contradictoria. Esta pobreza se halla hoy muy extendida, con formas muy diversas, tanto en las sociedades materialmente ricas como en los países pobres. La incapacidad de alegría supone y produce la incapacidad de amar, produce la envidia, la avaricia…. todos los vicios que arruinan la vida de las personas y el mundo. Por eso, hace falta una nueva evangelización. Si se desconoce el arte de vivir, todo lo demás ya no funciona. Pero ese arte no es objeto de la ciencia; sólo lo puede comunicar quien tiene la vida, el que es el Evangelio en persona? (Joseph Ratzinger, Conferencia ?La nueva evangelización? cardenal durante el jubileo de los catequistas y profesores de Religión, el 10 de diciembre de 2000 en Roma).

San Pablo no exhorta en la carta a los filipenses a que permanezcamos alegres ?os lo repito estad alegres en el Señor, el Señor está cerca (Flp 4, 4). La clave está en la cercanía del Señor. Se preguntaba Benedicto XVI: ¿Es posible ordenar la alegría? La alegría, quisiéramos decir, llega o no llega, pero no puede ser impuesta como un deber. San Pablo con todos sus sufrimientos, con todas sus tribulaciones sólo podía decir a los demás alegraos: lo podía decir porque en él mismo la alegría era presente. El apóstol puede decirlo porque el Señor está cerca a cada uno de nosotros. Y así este imperativo, en realidad, es una invitación a darse cuenta de la presencia del Señor en nosotros. Es la conciencia de la presencia del Señor. Él toca a la puerta, está cerca de nosotros y así está cerca la verdadera alegría que es más potente que todas las tristezas del mundo, de nuestra misma vida (cf. 4 octubre 2005 Meditación improvisada el 4-X-2005, de después del rezo de la Hora Tercia del Lunes III, T. O.).

María, Causa de nuestra alegría, nos mantenga conscientes de la cercanía de su Hijo y llene nuestro corazón de paz y alegría.